La rentabilidad del banquillo
Tengo pendiente un pequeño artículo sobre la remuneración que recibirá Héctor Cúper por la salvación del Betis esta temporada. A pesar de saber que estas cosas están reflejadas en los contratos y este hecho haya sido ratificado ante un juez, mi reflexión va en el sentido sobre qué hacemos cuando subimos a un jugador o entrenador al máximo nivel.
En mi opinión Héctor Cúper es un entrenador sobrevalorado. Ha tenido poderosos equipos a sus órdenes (Valencia e Inter) con los que a pesar de estar siempre ahí, no tiene muy buen bagaje en resultados. Así fue a Sevilla como el impulso que necesitaba el Betis para afianzarse en la categoría y por qué no, mirar hacia Europa. El resultado fue dejar al equipo en una situación más que comprometida, de la cual ha salido a las órdenes de Paco Chaparro, uno de esos entrenadores que no hacen ruido y a los que no se le tiene en cuenta, al menos en igualdad de condiciones a otros, el trabajo que realiza.
¿Qué puede llegar a pasar por la cabeza de los directivos para ofrecer un dinero extra a un entrenador a pesar de las circunstancias que han acontecido esta temporada en el equipo verdiblanco? ¿Podría reclamarle judicialmente Chaparro a Cúper parte del importe por haber conseguido casi el doble de puntos que el argentino? Con un entrenador cobrando a costa del trabajo realizado por otro, ¿cómo se puede exigir implicación e identificación con un club?
Cúper goza de un prestigio que le permite negociar clausulas como las que firmó el Betis y mi reflexión va en ese sentido. ¿No seremos nosotros los que construimos ídolos de barro?

